TLAXCALA. Un encanto colonial del centro de México.

México, Septiembre 2007

¿Llevas ya algunos días en México DF? ¿Quieres ver algo más tranquilo y que no esté muy lejos?

Aquí hay una muy buena sugerencia para cualquier viajero que esté en México DF y quiera reservarse un día para alejarse del ajetreo, ruido y el stress que puede provocar esta “macromegaciudad”.
Tan solo tendrás que tomar un autobús y en casi dos horas te verás impregnado totalmente de la tranquilidad que ofrece esta ciudad colonial y saborear el ambiente más provinciano de México.

Aprovecho la ocasión para puntualizar el valor de la palabra “provinciano”, ya que en México he notado alguna diferencia idiomática con su uso respecto a España.

Si bien en México no hay provincias como en España, si se usa la palabra “provinciano” para describir algo que no sea de la capital, pero también se le asigna a  cualquier lugar que posea las virtudes y cualidades que conlleva la provincia, como la tranquilidad, la armonía, el sosiego o el encanto, y no suele tener ese tono peyorativo que se le da en España a esa palabra por parte de algunos que viven en la capital.

 Dicho esto, Tlaxcala es la capital del estado del mismo nombre. En México hay algunos estados cuyo nombre coincide con el de su capital. Algunos ejemplos seria los estados de Durango, Colima, Zacatecas, Oaxaca, Campeche, Chihuahua y algunos más. En el caso de Tlaxcala además se junta con que es el estado más pequeño en superficie.

Mural en el interior del Palacio de Gobierno.
Posiblemente es uno de los estados que históricamente tuvo más protagonismo en la era colonial de la Nueva España. Quizás sin la ayuda de los tlaxcaltecas que se aliaron con Cortés contra los aztecas no se hubiese podido completar la conquista y este hecho fue tenido muy en cuenta por el Rey Carlos I de España que le dio a Tlaxcala algunas distinciones muy especiales. Entre ellas fue nombrada como “Insigne y Leal Ciudad de Tlaxcala”, se le otorgó un escudo de armas, se le permitió conservar su antiguo gobierno indígena y sus tierras sin la intromisión de los españoles, y fue nombrada sede del primer obispado de la Nueva España. Desafortunadamente todos estos privilegios fueron olvidados con el tiempo.

Para llegar a esta bonita ciudad hay que tomar un autobús de la compañía ATAH de la central de autobuses conocida como la TAPO, donde suelen partir los autobuses hacia el sur de México. La visita se puede hacer perfectamente en un día, disfrutar de la ciudad, comer y regresarse a la capital ya que hay frecuentes autobuses o como dicen allá “corridas” entre ambas ciudades.
Una vez llegado a Tlaxcala lo mejor es tomar un autobús urbano o un taxi y que te deje en el centro, por ejemplo en la Plaza de la Constitución o el zócalo. Como cualquier otro lugar de México el zócalo viene a ser el lugar de referencia en el que casi nunca te equivocarás si no conoces de antemano la ciudad.

En dicha plaza con el típico jardín con su kiosco en el medio se puede usar como lugar de partida para conocer la ciudad caminando.

Exterior del Palacio de Gobierno en la víspera del Día de
 la Independencia. Al fondo la Parroquia de San José.

Lo primero que se ve es el Palacio de Gobierno y el palacio de justicia en mismo lado de la plaza.
 Verdaderamente merece la pena entrar para contemplar los murales que hay en su interior. Si se desea, hay gente muy especializada que te explica detalladamente la evolución histórica del país, pero más concretamente del estado de Tlaxcala a través de esos murales. Aunque uno no sea muy experto en historia no es difícil por si mismo deducir las ideas que se ven plasmada en esos murales.
Los palacios de gobierno en general son lugares   para mí lugares imprescindibles para visitar en cualquier municipio mexicano.
 Los andaluces que los visiten se sentirán como en casa pues muchos les recordaran a los típicos patios que se encuentran en pueblos  y ciudades de Andalucía.

En este tipo de ciudades coloniales los edificios religiosos copan la mayoría de la arquitectura urbana.

Basilica de Ocotlán

A un lado de la plaza se puede ver la parroquia de San José. Esta parroquia barroca de colores rojizos y con su campanario blanco nos puede dar la errónea idea de que se trata de la catedral por su altura y su céntrica ubicación.
Otra iglesia digna de mención es la Basílica de la Ocotlán, de parecido a la anterior en estilo y muy bonita situada como un kilómetro del centro.
También visité la capilla Cristo del Buen Vecino, pequeña pero no por ello menos interesante la cual está en un alto de la ciudad y se divisa tras subir unas escaleras.

En cuanto a la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, detrás de la plaza de toros, es de las más antiguas de México con una fachada renacentista y particularmente me llamó la atención el hecho de que el campanario se encuentra separado en una torre aparte.
Este modelo de iglesia en el que el campanario está separado de la iglesia es muy común verlo en las islas Filipinas y es la única que he visto así en el continente americano.

Mercado al aire libre cerca del Zócalo.

El que le guste los mercados al aire libre, también hay uno bastante colorido a la cerca de la parroquia de San José pero desconozco si se pone todos los días o si estaba porque era sábado.
Y si se ya se está cansado de ver iglesias, templos,  palacios y museos, que mejor que ir pensando en ir a comer. ¿Dónde?. En los portales del edificio colonial llamado “La Casa del Ayuntamiento” que se encuentra en la Plaza de la Constitución. Hay numerosos restaurantes para degustar la comida típica de la zona. En estos portales se puede ver expuesta la comida tipica regional  y vi hasta un cocinero haciendo una paella bastante grande. Solo se parecía a la valenciana por que llevaba arroz, porque en ingredientes no tenía nada que ver, (no entraré en detalles), aunque como valenciano siempre da gusto que se dé a conocer este plato internacional.
Obviamente para cualquier viajero no es de recibo comer lo que come uno en casa, y en Tlaxcala se pueden probar comidas tan populares, como los moles, pipián e incluso escamoles, (los famosos gusanos del maguey). Pero lo que para mí fue un auténtico descubrimiento culinario fue probar el Mixiote.

Este plato es como carne de carnero, de cerdo o pollo en una salsa de chile y envuelto en una hoja de Maguey, que es la hoja de la pitera en España, y en cualquier restaurante lo sirven. No os lo perdáis.



Capilla Cristo del Buen Vecino

 Con esto, y en líneas generales, se podía dar por visitada la ciudad aunque también se daría por provechosa visitando algún museo como el de la Memoria, el museo de Arte y el de la región de Tlaxcala.

Para los que tengan más tiempo y quiera alargar su estancia hay mucho lugares bellos en el estado como Huamantla, Cacaxtla, o el volcán Malinche y sin perder de vista la cercana y colonial ciudad de Puebla de la que hablaré en otra ocasión con más profundidad.

Para terminar termino con cuatro bonitas estrofas del Himno de Tlaxcala y poder provocaros una visita a esta linda ciudad del centro mexicano en vuestro próximo encuentro con la tierra Azteca.

                                                   “Como el sol que corona el Matlalcuéyetl

con un halo de luz casi divino
es Tlaxcala el futuro esplendoroso
que te forja invencible nuestra fe …
Tu pasado de gestas prodigiosas
que ilumina imponente tu destino
es la fuerza que impulsa vigorosa
el anhelo creador en nuestro ser.
Las indígenas tribus te fundaron
y su raza en la nuestra se volcó
y fue el choque brutal con el hispano
el crisol que tu espíritu forjó…
Fuiste cuna sin par del mestizaje
que en la patria naciente floreció
¡ tú fundiste el acero y el plumaje!
¡Fuiste tú la raíz de la nación!”
Próxima parada “Melbourne. La ciudad más europea de Australia” .Os espero 🙂

2 Comments

  1. yo soy originaria de la ciudad de Tlaxcala y me encantó leer tus impresiones sobre nuestro bello estado y sobre todo las referencias que haces a la importancia histórica de Tlaxcala como cuna de la nación mexicana.

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