Viajar en tren de Cuamba – Nampula o por el Mozambique más profundo.

“Viajar en tren es siempre una de las maneras más evocativas de viajar… El que lo haga por África es además un viaje por la vida… Y el que lo haga en el tren de Cuamba a Nampula escribirá una de las páginas más enriquecedoras de su existencia…”

Mozambique, Agosto 2011

Han pasado más de seis años desde que hice este viaje ferroviario por Mozambique, y creo que puedo describirlo como si hubiera sido ayer. No resulta difícil recordar un viaje tan nutritivo desde un punto de vista humano como pocos que el viajero se pueda encontrar.

La línea ferroviaria atraviesa el norte del país de Oeste a Este, desde la frontera con Malawi hasta los núcleos portuarios de Nacala y Lumbo. Pero su recorrido con servicio de pasajeros comprende 450 kms desde Cuamba a Nampula. Un tren diario en cada sentido de más de once horas de viaje. Quizás leáis en alguna conocida de viajes que sale tres veces por semana, pero no es cierto.
Como muchas líneas ferroviarias del continente africano, esta línea está en manos privatizadas, y concretamente chinas. Los chinos se han hecho con gran parte de los ferrocarriles africanos para explotarlos de una manera más bien decadente, con escasa inversión en material motor e infraestructura. Pero al menos existen,… y con trenes de viajeros además de mercancías, que no es poco.

Tren Cuamba Nampula
                             Tren de Cuamba -Nampula a su paso por la estación de cruce de Iapala.

A comprar el billete…

Para comprar los billetes hay que ir a la estación de Cuamba la víspera del día que se desee viajar. No hay ningún expendedor de billetes de manera fija en la estación. Tan solo vigilantes. Los mismos empleados del tren que llegan sobre las seis de la tarde desde Nampula, te venden los billetes en la taquilla de la estación.
Hay que hacer colas, como en cualquier estación, pero en cuanto abren la ventanilla, venden primero los billetes a compromisos  y después a todos los demás. Y puedes elegir entre viajar en  segunda o en tercera clase. La primera clase no existe. El precio: 400 Mtz (5.6 €) y 160 Mtz (2.20€) respectivamente. Durante la cola seguro que establecerás alguna conversación con algún simpático lugareño, y poco a poco te contará sus problemas para ver si le ayudas con el billete. Dependerá de tu ánimo del momento o sensibilidad en este tipo de situaciones, pero en cuanto ayudes económicamente a alguien, no solo en el tren, también en todo Mozambique, te lo agradecerán con un “Estamos juntos” mientras se cruzan el corazón con sus manos. Es algo como la marca cultural de Mozambique y lo escucharéis muy a menudo como agradecimiento.

                                              Tren Cuamba Nampula a su paso por Iapala

Cuamba no es un pueblo que tenga algo interesante para resaltar. El motivo para llegar hasta aquí es para coger el tren. Un pueblo polvoriento sin apenas luz en las calles. Lo comento porque es conveniente llevarse una linterna para poder volver a la pensión o donde os hospedéis después de obtener los billetes.
El tren sale a las 5:30 de la mañana. Si el trayecto se hace en sentido inverso, sale a las 5:00 desde Nampula. ¡Ojo! En Mozambique nada es puntual, pero para todo… hasta para quedar con un amigo se cita usando el ciclo horario de 24:00 horas. Nada de hablar de 3 de la mañana o las 6 de la tarde; las 3 y las 18.  Para coger el tren hay que madrugar, por tanto es aconsejable llegar al menos media hora antes. Incluso mucho antes si se opta por viajar en tercera clase que no tiene asiento reservado. Hay varios empleados que te piden los billetes antes de acceder al tren desde el propio andén.

  ¿Y cómo es el tren?…


El tren está formado por una máquina que remolca cuatro coches de tercera clase, uno de primera, un coche restaurante y cuatro vagones de mercancías. Como curiosidad, según me contó un empleado, las máquinas
fueron compradas de segunda mano de los ferrocarriles indios.

Coche restaurante del Tren Cuamba-Nampula
                                                     Coche Restaurante del Tren Cuamba- Nampula

En el coche de segunda clase donde viajaba era tipo litera, pero al ser un tren diurno, estaban plegadas y quedaba como un compartimento para ocho pasajeros y un pasillo lateral.

La tercera clase, además de los asientos de madera, estaba bastante atestado de gente. El coche-restaurante era lo mejor del tren; nada que ver con los coches-restaurante que se conocen en Europa. A muy buen precio, se podía comer sanwiches, o tomar café con leche, chais, y te lo llevaban a tu camarote si querías, término que usamos nosotros para barcos y  lo usan en Mozambique para referirse al cualquier compartimento de segunda clase del tren.

                                   Una de tantas paradas de zona rural de paso del tren.

Empieza el viaje…

En cuanto el maquinista acciona el grave silbato de la máquina y empieza ésta a  exhalar su negro humo, comienza un viaje de verdad por la vida y la supervivencia. El tren desde Cuamba hasta Nampula atraviesa muchos poblados y aldeas en sus 450 km que atraviesa. Excepto en la estación de Iampala, que es donde se cruzan los dos trenes y permanecen más tiempo por tener que esperar el cruce, en el resto de paradas; sean uno, dos, tres o cinco minutos, el exterior del tren se convierte en un mercado ambulante que recorre en paralelo a  longitud entera. Muchas de esas paradas no están definidas en una estación como tal, son puntos indefinidos de plena vía.
En ese corto lapso de tiempo de parada, incluso con el movimiento inicial del tren, es cuando la humilde gente de esos poblados intentan sacar el máximo partido en poder vender los productos del campo que cultivan y animales de granja que crían. A través de las ventanillas del tren se hace toda la transacción de la compra-venta.

                                                                            Estación de Malema

Lo que venden, os lo podéis imaginar: cebollas, tomates, patatas, manojos de zanahorias, mandioca, pan  y gallinas,  que a pesar de la prohibición, las venden atadas de sus patas con la cabeza boca abajo.  Muchos son niños y niñas, y también mujeres que cargan en sus espaldas a sus bebés atados con coloridos telares anudados a su pecho, y muchos…, muchos ojos cuyas miradas penetrarán los tuyos, y que te hace preguntarte: qué pasará por sus mentes… qué verán en nosotros…o qué andaremos buscando en ese tren.

Por momentos me acordaba de un viaje en el barco fluvial amazónico que hice poco antes. Diferente medio de transporte, diferente escenario, pero la misma  historia: la supervivencia alrededor de un rio, línea ferroviaria o una carretera que atraviesa aislados núcleos rurales.

Resulta usual ver niños y adultos con alguna pierna mutilada como consecuencia de alguna mina de las que aún quedan por la guerra civil que asoló el país desde 1977 hasta 1992. Una lacra muy presente en Mozambique y en que sucede muchos otros países de África.

                    Curiosa montaña que recuerda a una tortuga al paso del tren por por Mutuali

Y se va terminando el viaje…

Si la actividad comercial no defrauda, los paisajes tampoco. Secos al principio pero a medida que se va avanzando el viaje, se ven montañas con caprichosas formas de todo tipo. Y cuando el sol empieza a ponerse, aparecen los bellos y únicos atardeceres africanos. Entonces ya se va uno dando cuenta que se va a aproximando a zonas más urbanas. Los remotos poblados  entre casas de paja, la tierra rojiza y montañas de granito dejan paso al caos del cemento. Efectivamente, ya va entrando en una de las urbes mas grandes de Mozambique. Nampula, la capital del norte que me dio cierta insegura de noche pero con bastante vida por el día y base para recorrer otros lugares de interés como la Ilha de Mozambique, la gran joya colonial del país.

                                                  Estación de Nampula- Mozambique

Nada será lo mismo…

Llegado el final de mi relato, lo acabaré con cierta melancolía desde el punto de vista de un amante de los trenes clásicos. Ese viejo tren mixto de mercancías y viajeros remolcado por aquella vieja locomotora india ya no existe hoy en día. La modernidad con trenes más funcionales han llegado para quedarse, y el viajero que desee hacer el mismo viaje que he contado, no será el mismo. Eso sí,  estoy seguro de lo importante que seguirá siendo el ferrocarril para la vida de aquellos pueblos, y las escenas que vi desde la ventanilla, se seguirán viendo de igual forma. Aquella gente con la que viajaba tambien se merece un medio de transporte mejor.
En cualquier caso ni somos dueños del destino de cada destino visitado, ni tenemos la exclusividad del progreso. En nuestro afán como viajeros, debemos seguir descubriendo experiencias, y si son tan enriquecedoras, mejor.  Experiencias que jamás se olvidan… como el famoso binomio mozambiqueño “estamos juntos” o como este viaje en tren que he contado y que hice en aquel agosto de 2011…

¿Te gustó este relato? Quizás te guste este otro de Gurué: la tierra del té en Mozambique.

By Carlos Martinez
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4 Comments

  1. Cuando lo hice , habían suprimido algunas paradas en esa ruta. Para demostrar su enfado los lugareños de esas paradas tiraban piedras al tren como protesta cuando pasábamos por esas localidades sin pararnos

  2. Muy interesante este ‘post’, esta experiencia tuya. Como también he visitado Mozambique tengo que decirte que no tuve esa experiencia en tren. No estuve en Cuamba, aunque sí en Nampula, de camino a Ilha Mozambique. Me encantan los trenes africanos!. Y me alegro que confirmes esa sensación placentera que creo también tienes.
    Bueno, lo de los chinos, eso es otro cantar. Soy muy crítico con ellos.
    Un abrazo.

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