EL TREN DEL HIERRO DE MAURITANIA. El viaje más épico de mi vida

Arriesgado, peligroso, sufrido, pero también satisfactorio y fascinante. Este antagónico cocktáil de adjetivos bien resume un viaje por el Tren del hierro de Mauritania. Quizás, el más largo y épico del Mundo…

Mauritania. Diciembre 2019.

Existen en el Mundo ferrocarriles muy conocidos y de los llamados míticos, cuyos trenes que circulan por sus vías, colman en gran medida cualquier deseo de viajeros, amantes o no, de los ferrocarriles. Por citar algunos que me vienen a la mente: el Transiberiano, el Blue train sudafricano, el Tren de las Nubes argentino, el Orient Express, El Chepe mexicano, el Hiram Bingham del Machu Picchu o el paquistaní Shalimar Express. 

Tren mexicano «La Bestia» a su paso por  Sonora.

Pero ya no hablo de trenes míticos, sino de trenes épicos de los que para mí en el Mundo sólo hay dos: El Tren de la Bestia, un tren de carga que recorre México de sur a norte en sus diferentes variantes llevando centroamericanos hasta la frontera con Estados Unidas del que algún día os hablaré, y el tren del que os cuento hoy: el Tren del hierro de Mauritania, que también se conoce por ahí como Tren del Mineral de hierro de Mauritania, el Tren del desierto o en inglés Iron Ore Train.

Si habéis llegado a este post con la curiosidad de conocer a fondo este ferrocarril minero, os comentaré cosas interesantes del mismo y mi experiencia de 15 horas viajando en un vagón-tolva de tren de este ferrocarril que atraviesa gran parte del desierto del Sahara y que está entre los dos o tres más largos del mundo.

Antecedentes y mi inquietud por el Tren del hierro de Mauritania

En lo personal, había visto alguna mención del Tren del hierro de Mauritania, por algún documental de Michael Palin y en otro del Canal Viajar sobre panorámicas desde el cielo donde se veía el tren serpenteando por el desierto del Sahara. Ya últimamente en el canal Youtube, gracias a algunos videos de intrépidos viajeros y de alguno que otro de National Geographic, me seguía atrayendo más y más la idea de subir a ese tren algún día.

Pero además, habiendo trabajado durante 25 años como maquinista de trenes.  En mis primeros años, cuando apenas tenía  20, transportaba trenes cargados de mineral de hierro desde Cantabria y Vizcaya hasta los ya desparecidos Altos Hornos de Vizcaya. No se puede negar que el tema lo he mamado un poquito.  Pero vamos ya con el Tren del hierro de Mauritania y os cuento pormenores del mismo.

Un poco sobre el Tren del hierro de Mauritania

Recorrido del Tren del hierro de Mauritania

En realidad y hablando con más propiedad hemos de referirnos al Ferrocarril del mineral de hierro. El término ferrocarril como explotación (vías, estaciones, infraestructura, trenes, etc.) cuya funcionalidad desde 1963 desde que se construyó, es exclusivamente el transporte del mineral de hierro extraído de las minas de Zuérate (o Zouérat) hasta el puerto de Nuadibú (o Nouadhibou) en la costa de Mauritania. Estamos hablando de 704 km atravesando el desierto y bordeando la frontera del Sahara Occidental como podéis ver en el mapa. Sobre esta línea ferroviaria circulan varios trenes al día (no más de 3) entre 200 y 250 vagones cuya longitud puede alcanzar los 2,5 km situándolo en el top 3 entre los más largos del mundo. Los otros trenes quizás pueden estar en Australia, o quizás China o Estados Unidos. Pero no vamos a discutir que el Tren del hierro es un señor tren.

Tren del desierto
Locomotoras americanas del Tren del hierro de Mauritania.

Estos trenes están traccionados generalmente por 3 o 4 máquinas diésel americanas acopladas, arrastrando casi en su totalidad vagones-tolva (en adelante me referiré como tolvas) y quizás en cola acompañado de algunos vagones-cisterna, alguna plataforma y un coche de viajeros. No todos llevan ese coche (o «vagón» de viajeros en lenguaje coloquial) que suele ir en cola. Es un coche viejo y destartalado donde los haya, pero una opción tan válida y no menos apasionante si queréis viajar en este tren.

Desde Nuadibú el tren del hierro circula con las tolvas vacías, y en el sentido contrario cargados de mineral de hierro. Yo solo hice el viaje con el mineral desde Choum hasta Nuadibú, que para mí es una muy buena opción. De la duración del trayecto, con el tren en carga puede tardar algo más, pero el recorrido completo pueden ser fácilmente entre 19 y 21 horas, y desde Choum entre 13 y 15 en sus 460 km de distancia. Dependerá de los tiempos de espera de los cruces y las limitaciones puntuales de velocidad que haya en ese momento. Aparte de Choum, no hay muchas paradas, pues no hay núcleos de población a considerar. Si se detiene, es por un mero carácter técnico de la explotación.

Paso del Tren de hierro de Mauritania por Nouadhibou. La imagen es de 3 días después.

Del horario, pues es África y con eso está todo dicho. Leeréis por ahí que desde Nouadibú sale sobre las 3 PM, pero igual se hace las 8 PM y no ha salido, y viceversa lo mismo. En mi caso, salió de Choum a las 7 PM y llego a Nouadibhu pasadas las 9 AM.

Mi experiencia de mi viaje por el Tren del hierro

Os comento que este viaje lo hice con mi esposa y llegamos desde Atar hasta Choum, después de haber recorrido la zona de Chinguetti, Atar Y Terjit. La buseta salió sobre las 3 PM de Atar con dirección a Zuérate y pasadas las 5 PM llego a Choum, dejándonos hasta las mismas vías. Choum es un pueblo que tiene lo justo para abasteceros de agua y algo de comida y poquito más.  No busquéis una estación, pues o no la hay, o no la vimos.

Niños en Choum interesándose por nuestra aventura.

Tocaba ya esperar ¿hasta cuándo? Pues leí algunos post antes en inglés de otros viajeros, y en un caso decían a las 6, en otros a las 8 y 9, e incluso en varios posts pasada la medianoche. Es posible que ese día que lo queráis coger ni pare en Choum y tengáis que esperar un día más. O sea, hay que tener paciencia.

Choum. Calentando el agua.

Niños, muchos niños se acercaban a las inmediaciones de la vía y con una palabra el boca «cadeau, cadeau» (regalo) y la verdad es que era muy complicado convencerles de que no había cadeaus para ellos. Eramos la atracción  pero entre que no hablamos francés y no les dábamos nada se iban desapareciendo un poco. Solo unas niñas que nos compraron unas galletas les dimos el cambio.

El tren no pasaba y nos fuimos a unas casas enfrente de la vía donde había unas mujeres sentadas sobre un tapete para pedirles el favor de que nos calentaran agua. No era mala idea previendo la fría noche que nos esperaba, para meterla con café en un pequeño termo que teníamos. En una vieja sartén con un hornillo a gas nos calentamos el agua y a cambio les dimos 100 ougiyas por el favor.

Mujeres de Choum que nos calentaron el agua para el Tren del hierro de Mauritania

Tras un rato con ellas, y con apenas rayos de luz, se oía como una megafonía en el pueblo. No supe si decía que llegaba el tren, pero sí se escuchaba el silbato lejano de un tren. Cogimos las mochilas y dos grandes bolsas de basura donde guardábamos el material logístico del que luego os hablaré, y corriendo, nos regresamos a la vía de nuevo que estaría a unos 100 metros de allí.

No vimos por ahí ningún otro viajero ni gente local que pretendiera subir al tren contrariamente a lo que sí había visto y leído de otros relatos.

Tren del hierro de Mauritania entrando en Choum.

Y sí, era el tren. El deseado y soñado Tren del hierro. Ya se iba viendo la intensa larga luz a la distancia. Llegaba el momento esperado, y a poca velocidad, ese imponente enorme caballo mecánico de hierro iba entrando en Choum. Con ruido estridente, chirriante como si de un duelo de espadas se tratara. En sintonía con el traqueteo del contacto de las ruedas sobre las juntas de dilatación y la basculación de la traviesas que descendían por el peso del tren a medida que iba pasando uno a uno cada bogie de las tolvas. Hasta chispas salían de las pestañas de algunas ruedas al roce con el carril como las de entre la muela y el cuchillo de un afilador. Tres locomotoras o máquinas, seguidas de la procesión de tolvas iban decelerando progresivamente hasta que finalmente se detuvo.

Tren de hierro en Choum poco antes de detenerse.

Minutos antes que se detuviera completamente, un chico se ofreció para ayudarnos a subir las mochilas y las bolsas. ¡Y qué gran ayuda fue! No exagero si digo que el tren estuvo parado máximo 4 minutos. Primero subí yo por la escalera metálica lateral (todas las tolvas tienes en su parte exterior e interior)  cuyo primer peldaño quedaba muy alto por la profundidad de la cuneta.

Una vez arriba, me iba dando el chico una a una las mochilas y las bolsas. Una de ellas, casi arriba ya, se cayó al suelo y me la volvío a dar. No había tiempo que perder y escaseaba a esa hora la luz natural. Mi esposa, ayudada por él, logró colgarse y subir los 3 peldaños que le quedaban hasta conseguir meterse al lado interior de la tolva. Quedaban pocos segundos para que se empezara a mover el tren de nuevo. Lo justo para despedirnos del chico, que mediocolgado de la escalera le dimos una propina bien ganada.

El Tren del hierro poquito a poquito iba abandonando el pueblo. La aventura empezaba. Nos esperaba 14 horas y 460 kms por delante.

Mientras avanzaba el tren, en un plis-plas desaparació cualquier luz del pueblo. Solo quedaba la luz de nuestras linternas frontales para buscar el mejor y más seguro hueco de la tolva para pasar la noche. El mineral de hierro de la tolva estaba formado por arena, piedrecitas, piedras, piedrotas y pedruscos. Había de todo en ese par de jorobas formadas por el mineral sobre la tolva. Acomodamos una esterilla que compramos horas antes en el mercado de Atar y nos dejamos caer sobre ella mirando el cielo.

Tren del hierro de Mauritania poco después de salir de Choum.

Apagamos las linternas y nos quedamos prendados, alucinados y seducidos contemplando ese cielo estrellado. No había luna y la oscuridad era total y absoluta.

Una vez escuche en radio a Sabino Antuna (Sabino el viajero), uno de los grandes viajeros de España de toda la historia y un referente para mí, diciendo que el sol en África era diferente al del resto del Mundo. Un sol limpio, y que brilla con una intensidad que no lo iguala ningún otro continente. Estoy muy de acuerdo, pero le faltó decir que la noche lo es también, pero en negra y lóbrega como ninguna. Hacía muchos años, muchos. Casi remontándome a mi niñez que no veía un cielo tan estrellado y limpio. Cualquier aficionado a la astrología pagaría por estar ahí en ese momento y lugar. No tengo dudas. Y viendo las estrellas, nebulosas y algún que otro meteorito que irrumpia fugazmente el panorama, fue nuestro entretenimiento durante 12 horas de la travesía nocturna.

Empezaba a desplomarse la temperatura a medida que avanzaba la noche decembrina. La vieja chaqueta que llevaba puesta no era suficiente. El frio obligaba a meterse en un saco de dormir que traíamos cada uno. En la cabeza también se sentía frio, aún con el turbante, la máscara y gafas antipolvo. La esterilla evitaba que el polvo de mineral traspasara, pero no las canteadas piedras y pedruscos que atacaban por muchos puntos de la cadera y la espalda. Una continuada sesión de acupuntura cuyos dolores permanecieron días después del viaje.

Aspecto del mineral de hierro y su variedad de piedras.

En momentos de ventisca, se levantaba arenilla del desierto y del propio mineral de hierro que nos impactaba en pequeñas partículas ayudado por el efecto del viento lateral que provocaba el avance del tren y desde todas las tolvas de delante. Se hacía imprescindible no dejar ningún hueco en la cara para no respirar el aire tóxico.

Cada 30-40 km el tren atravesaba unas zonas de vigilancia cuyos dos focos intensos rojos desde una torre nos creaba cierta inquietud ¿Nos estarán vigilando? Pensabamos.   Tengo la impresión de que eran puntos de vigilancia monitorizados para comprobar que todos los bogies o carretones de cada tolva fueran desfrenados y que las ruedas perfectamente inscritas sobre los carriles. La velocidad que no superaría los 10 km/h durante ese punto me hace pensar de que se trataba de es chequeo. Téngase en cuenta que podría descarrilar un eje, y no enterarse los maquinistas dada la inmensa longitud del tren. Queda claro que el tren, que raramente supera los 50 km/h, y con tan pocas curvas y aparatos de vía, la posibilidad de descarrilamiento es muy reducida.

sleep iron ore train
Mi esposa intentando echar una cabezada.

¿Dormir? Os preguntaréis algunos. No, obviamente. Ni la comodidad del lecho invitaba a ello ni las circunstancias. Había que estar despierto con los cinco sentidos

¿Comer? Más bien había que hablar de ingerir: unas rosquilletas de Mercadona que aún traía en la mochila  y un trocito de bocadillo de tortilla francesa que nos sobró de la mañana en Atar y que guardamos. De un bocado, muy rápido y bajo el turbante igual que lo hacen las chicas con burka del Oriente Medio.

Del termo del café, su calor se perdió totalmente pues se rompió cuando cayó a la vía la bolsa donde lo guardaba al subir al tren. De poco sirvió el calentarlo con aquellas mujeres antes de coger el tren.

Sobre las necesidades fisiológicas que todos tenemos (ya me entendéis), en una bolsa en una esquina de la tolva.

Desde esta posición se ven las locomotoras del Tren del hierro a unos 20 tolvas de las mismas

El Tren del hierro hizo, que recuerde, dos paradas para cruzar con otros trenes similares que venían de Nuadibú. El solemne silencio y la oscuridad se interrumpía cuando pasaban los otros trenes por ese tramo de vía doble. Trenes tan largos como el propio y con su deslumbrante proyector de la locomotora de cabeza.

Una vez que pasaban, se escuchaba cómo el aire comprimido ganaba presión atravesando las tuberías y mangueras que recorre el tren. Del mismo modo el sonido del movimiento de los émbolos de los calderines de aire y el chirrío de la timonería del freno bajo el bastidor de nuestra tolva.

Cuando alcanzada la presión suficiente, el tren iniciaba de nuevo la marcha con fuertes golpetazos por la holgura de los topes entre las tolvas. Este mismo ruido también se hacía familiar cada vez que frenaba el tren, además del intenso zumbido provocado por el freno dinámico de las máquinas. Nuestra tolva sería aproximadamente la vigésima contando desde la primera junto a las máquinas.

Vista del amanecer desde el tren del hierro de Mauritania

Sobre las 7 de la mañana, y a espaldas a la marcha del tren, se empezaban a asomar tímidamente los primeros rayos del astro rey. Todo lo que quedaba oculto en la noche empezaba a divisarse por el día. Las estrellas daban paso al desierto. Un paisaje árido, pero con espectaculares tonalidades que daban especial encanto al amanecer.

A medida que el sol iba subiendo y aumentaba la visibilidad, caíamos en cuenta de cuánto polvo teníamos en la ropa, manos y cara. La monotonía del paisaje quedaba interrumpido por algún camello, y cuando echabas la vista atrás, apreciabas la inmensidad de aquel enorme gusano de hierro cuales ojos no eran capaces de divisar su final.

Vista de la cola de tren del hierro de Mauritania 1 hora antes de llegar a la factoria de Cansado

Poco a poco se veía más civilización con alguna casita, una carretera paralela y los enormes apoyos del tendido eléctrico. Veía el mapa off-line del Google y efectivamente el puntito azul ya estaba en la pequeña península que encara su recta final a Nuadibú.

Eran poco más de las 9 de la mañana y… ¡sorpresa! El tren pasó de largo por la estación de Nouadibhu. Continuaba y continuaba hasta que llegó a la factoría desde donde acopian todo el mineral de hierro para descargarlo a los barcos para llevarlo a Europa para su fundición.

Acople AAR Knuckle muy usado en América. No es nada aconsejable saltar de una tolva a otra.

La zona de Nuadibú donde se ubica la factoría de SNIM (Societe Nationale Industrielle et Miniere) junto al puerto se llama con el curioso nombre de «Cansado». Una vez el tren circulando por la playa de vías dentro de la factoría, nos divisaron los guardias de seguridad desde una torre de control. Nos pillaron con el carrito de los helados coloquialmente hablando. Con unas señas nos decían que iban a ir por nosotros.

Aquello parecía un  lugar tan inmenso como esperpéntico. De color cobrizo y deprimente, unas vías de clasificación, torres-grua y tolvas, multitud de ellas. No hice foto por miedo, pero me hubiera gustado. Excepto las dos mochilas, dejamos todo arriba (sacos, esterilla, chaquetas, agua sobrante, etc) y bajamos por la misma escalerilla que subimos una vez se detuvo el tren.

tren del hierro de mauritania
La protección de ojos, nariz y cara es esencial para toda la travesía en el Tren del hierro

Un chico de la factoría nos recogió en una pick-up y nos llevó a la salida. Obviamente siendo una zona de acceso restringido de la compañía SNIM  tuvimos que registrarnos ante un guardia que no tenía cara de buenos amigos. Muchas preguntas, pasaporte, visado, etc., pero al final nos dejó salir.

En cuanto salimos por la puerta, cogimos el primer taxi hacia el Hotel Aljazira que era lo más barato en Nuadibu.
A partir de este momento dije: ¡¡¡Lo conseguimos!!! El mérito lo tuvo más mi esposa por acompañarme en esta aventura y creo sinceramente que ha sido una experiencia que jamás olvidaremos.

Unos cuantos consejitos del Tren de hierro de Mauritania

Viendo las fotos ya os podéis hacer una idea de lo que requiere hacerse un viaje de este estilo.

  • En primer lugar, sin ser un viaje seguro o placentero, no tener miedo y mantener los cinco sentidos despiertos.
  • Llevarse una chaqueta vieja, un saco de dormir y algo para cubrirse la cabeza. La ropa, mejor vieja para tirarla en cuanto lleguéis al hotel de destino. Los sacos de  dormir las compré días antes en Wallapop por 3€ y los metí en una bolsa de vacío para que no ocuparan espacio en la mochila.
  • Evitar los días de viento y también comprobar si va a haber polvo en el ambiente con vuestra app del tiempo. ¿Lluvia? Muy improbable. Pocos países superan a Mauritania en lluvias.
  • Agua, mucha agua, aunque os sobre. Pecar por exceso. 3-4 litros si hacéis toda la travesía por persona.
  • Gafas protectoras de ojos o gafas tipo goggles que se usan para la nieve. El polvo del desierto y del mineral estarán muy presentes en el viaje. Se os meterá hasta las orejas. Tapones para los oídos no están de sobra.
  • Situarse si es posible en la parte delantera del tren, pero no pegados a las locomotoras tampoco, debido al desagradable efecto de la arena cuando se levanta por el viento lateral que genera el tren con su movimiento. Cuanto más cerca de la cola, más polvo y arenilla.
  • Sellar el teléfono del móvil con celofán en los orificios o usar cámaras tipo go-pro.
  • Comer antes de abordar el tren y/o llevar cosas de fácill ingestión. Barritas energéticas, frutos secos, galletas, etc.
  • Envolver las mochilas en bolsas grandes de basura.
  • Proveerse de cartones o haceros con una esterilla en cualquier mercado de ahí. No son caras y os vendrá muy bien.
  • Linterna frontal para la noche. Disponer de las dos manos libres es importante. Sed discretos y encenderla lo imprescindible para no llamar la atención en los puestos de control, en cruces con otros trenes y a los maquinistas del propio tren. Las señales luminosas tienen su significado en la reglamentación ferroviaria y puede llevar a su confusión.
  • Protector solar si vais a estar expuestos a muchas horas de sol y toallitas refrescantes desechables.
  • Quizás unos guantes finos de goma para el momento de subir y bajar del tren y protegeros de algún inesperado corte con óxido.

    tren hierro
    Algunos de los artículos esenciales para la travesía del Tren de hierro de Mauritania
  • Descargarse antes el mapa en google maps para poder conocer off-line la ubicación en cada momento y haceros una idea de cuanto falta para llegar al destino. O bien un rastreador GPS
  • Seamos limpios y no tirar nada afuera del tren. El desierto también merece estar limpio al igual que los mares o los bosques.
  • Nosotros fuimos solos en todo el tren, pero si vierais gente local con intención de tomar el tren del hierro, colaborar con ellos cargando comida, cajas o lo que sea. Seguro que al revés os echarán una mano una vez en el tren.
  • Si os tropezáis con algún policia, sed respetuosos y demostrar humildad. Importantísimo no hacer fotos delante de él.
  • Suele haber un tren al día con un sólo coche-vagón de viajeros al final. No lo he visto pero dicen que está muy destartalado y no hay reserva de asientos. Es muy barato 200 ouguiyas (5€)  y también debe ser una bonita experiencia pero diferente. Os recomiendo el relato de mi paisano Nelo que lo hizo así.
  • De Nuadibú a Zuérate (sentido contrario al que hicimos) no viajamos, por lo que no puedo opinar, pero iréis dentro de las tolvas sin mineral de hierro totalmente vacías. Más seguros para no caeros pero quizás se sienta más los golpes de la vía.
  • Por último, pensar que es un viaje que no olvidarés jamás. Os lo aseguro.

Os dejo 5 minutos  en Youtube de la travesía con el Tren de Hierro de Mauritania si os apetece ver algo más del viaje.

Para terminar, deciros que Mauritania tiene también muchas cosas para conocer además del Tren del hierro. Pueblos del interior con mucha historia como Chinguetti o Ouadane, y en la costa muchos lugares para aprender y disfrutar de la cultura y la dura vida del mar.

Días después volvímos a la estación de Nouadibú para ver el ambiente de la gente que iban hacia Choum y también fue muy gratificante.

Mauritanos esperando en Nuadibú al tren eque les llevara a Zouerate

Este fue mi viaje y así os lo he contado. Es posible que vayáis vosotros y lo viváis de otra manera. Seguramente sí. Sinceramente creo que volveré a Mauritania y por supuesto que volveré a subirme al Tren del hierro. Quizás, el más largo y épico del Mundo…

By Carlos Martinez

Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

3 Comments

  1. Sensacional!! Sensacional, Carlos. Una experiencia que deseabas y a la altura de un ferroviario como tú. Un deseo añejo, seguro, pero logrado y estarás pleno en satisfacción.
    Felicita a tu mujer de mi parte.
    O te apasiona una cosa así, o es difícil apuntarte al carro. Un ‘chapeau’ por ella.
    Dicho esto, espero un día poder hacerlo como reto personal. Mi pasión por los trenes esta ahí, pero humildemente no creo que este a tu altura.
    Desde el principio hasta el final me ha gustado tu relato. ¡Adelante!. Un abrazo,
    V(B)iajero Insatisfecho

    • Si te animas, despues de todo es una gran experiencia. Incluso en el coche de viajeros también debe serlo. Voy a leer tus posts de Benin y Todo que me marcho en dos meses. 9 dias son poquitos pero algo es algo. Un saludo. Ya escribirás sobre costa de marfil

  2. Carlos, qué buen relato! Y gracias por la mención!
    Estoy de acuerdo que tu mujer tiene aún más mérito en este viaje. No por género, sino porque el loco de los trenes eres tú más que ella, imagino. Eso es amor

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