El VOLCÁN DE SANTA ANA. El más majestuoso de El Salvador.

El Volcán de Santa Ana es un imprescindible de El Salvador y de toda Centroamérica. Una combinación perfecta de belleza natural, diversidad y ecoturismo...

El Salvador. Diciembre 2012

Justo hace 6 años visitaba El Salvador por segunda ocasión. En este caso segundas partes fueron mejores, cosa que en muchos destinos repetidos no ha sido así. Visité pueblos de los llamados «Vivos», su capital San Salvador a fondo, ruinas arqueológicas, islas perdidas y disfruté de la naturaleza.

Al llegar a Santa Ana, la segunda  población más importante del país tras la capital San Salvador, me sorprendió por su fina arquitectura. Un teatro que más de una ciudad europea lo desearía para sí, o la misma catedral, una joya impresionante neogótica. En Santa Ana pasé tres días de los cuales uno iba a estar reservado para subir hasta el cráter del Volcán de Santa Ana conocido también como Ilamatepec. El más alto del país con 2381 metros de los 11 que existen, y uno de los más grandes de Centroamérica.

Ya había oído hablar del mismo por un documental que vi en televisión, y qué mejor que estando allí para darle una visita.

                                            Ascenso del Volcán Santa Ana en su inicio. El guardaespaldas iba delante.

Tomé un autobús  las 7:30 de la mañana en la Estación de Vencedores, ruta 248 con destino a Cerro Verde. Una vez allí recuerdo pagar 1 dólar por entrar al parque nacional y 6 dólares por subir. A los salvadoreños les salía más barato. Cabe decir que este volcán pertenece al Parque Nacional Cerro Verde que comprende tres volcanes: de Santa Ana, Izalco y por último el de Cerro Verde.

                                                       Vista del volcán Izalco desde el volcán de Santa Ana.

Una vez allí el problema es que no te dejan subir de manera solitaria y libre. Necesitas unirte a un grupo mínimo de tres personas y además escoltado por policías para escoltarte. En el pasado sólo me había tocado ir con guardaespaldas en la ciudad filipina de Zamboanga (Mindanao) y más tarde en los Sundarbarns de Bangladés. En esta ocasión no vi ni percibí el peligro de poder ser asaltado como advirtieron. Nada había que discutir y era obligatorio si querías subir el volcán.

                                Vista del Lago Coatepeque de origen volcánico desde el Volcán de Santa Ana.

En El Salvador, el mes de diciembre es un mes cuando los maestros de escuela tienen sus vacaciones. Y como si de un flechazo viajero se tratara, entablé una espontanéa conversación con una pareja, los dos maestros: Roberto e Ivette que junto a sus pequeños Alejandro y Paula me uní con ellos para la aventura. No solo aquí coincidí con maestros, en otros lugares del país me topé con otros que aprovechan las vacaciones para hacer turismo.

La subida hasta el cráter me pareció más fácil de lo esperado. En la parte más baja del volcán era una zona frondosa de vegetación que a medida que ibas subiendo se iba haciendo más escarpada y seca  hasta parecerse en su cima  a un auténtico paisaje lunar.

La vista, a medida que se iba ascenciendo, era cada vez más espectacular y siempre teniendo como referencia el volcán Izalco: un volcán de 1950 metros de altura, mucho más jóven y empinado situado a un costado de el de Santa Ana.  Y justo abajo se divisaba el Lago Coatepeque también de características volcánicas.

Una vez arriba la situación era muy fotogénica. Un contraste de colores de la laguna turquesa formada de aguas sulfurosas en medio del cráter, combinado con el reflejo del cielo claro y con el color árido del borde del cráter. No había muchas ganas de abandonar la zona. Divisar todo lo que se veía a 360º era digno de permanecer cuanto menos media hora.

                                              Paisaje de aspecto lunático del Volcán de Santa Ana.

El descenso, fue mucho más rápido, y como no puede ser de otra manera, acabo en una cerveza Regia para saciar la sed en un chiringuito que había en la entrada del parque nacional.

Aunque para quiénes dispongan con una buena condición física, en una misma jornada, se puede subir tanto al volcán de Santa Ana como el Izalco.

Tras 3 horas con esta linda familia salvadoreña que conocí, se ofrecieron a llevarme de nuevo a Santa Ana donde me hospedaba viajando en la cajuela de atrás del  pick-up.   Me propusieron de camino conocer una chilatería. No tiene mucho que ver con tema de este post pero si vais a este país es algo muy cultural del mismo. Son locales donde podéis cenar con platos tradicionales del país y sobre todo probar postres. Eso sí, no aptos para diabéticos y cuidadores de la dieta. Apuntad: la yuca sancochada, el chilate, atole, nuegado y la chicha de maíz. Ya os hablaré con más detalle en otra ocasión de estas delicias culinarias salvadoreñas…

                                                      Espectacular vista cráter del Volcán de Santa Ana.

Para terminar este post lo despido con otra bella toma del volcán para provocaros una visita, no sólo al volcán sino en general a este pequeño gran país. Para mí el mejor secreto guardado de Centroamérica.

Si te gusto este post, quizás te guste este otro del Volcán Masaya de Nicaragua

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1 Comment

  1. Un buen reclamo tu comentario y las fotos para visitar el Santa Ana. Yo no lo ascendí, aunque recuerdo algo de lo famoso que era. Visité El Boquerón, viejo volcán apagado ¿fuiste?. ¡Hay tantos en centroamérica y tan distintos!.
    Bonita experiencia!!.
    Un abrazo, joven.

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