VALPARAÍSO. La ciudad de los ascensores

La ciudad chilena donde en cada rincón se respira un pasado de prosperidad. Un crisol de orígenes, una ciudad entre cerros y mar, entre lo colonial y la modernidad, y que intima con el Pacífico como pocas del continente americano.

Chile, Valparaíso. Marzo  2006


Grabado en una placa bajo del monumento del libertador chileno Bernardo O’Higgins en la plaza que lleva su nombre, podemos leer de Valparaíso «…Ella no conoce extraños, ni extranjeros, sino hermanos y conciudadanos, sea cual fuere el lugar accidental de su nacimiento y ved ahí el fruto de la adopción de los grandes principios que proclamamos desde el día venturoso de nuestra independencia.». Tan solo es una muestra de lo que es y lo que representa para Chile esta histórica ciudad, y donde en su ADN podríamos encontrar gente de ascendencia, inglesa, croata, vasca, judía, asiática entre otras. Un crisol cultural forjado en un peculiar yunque gracias al puerto de esta ciudad, epicentro por mucho tiempo del comercio marítimo internacional hasta la apertura del Canal de Panamá.
Tan solo hay que tomar un bus desde la estación de Pajaritos de Santiago, y en dos horas, se puede llegar a esta emblemática ciudad chilena cuyo casco histórico se convirtiera en el año 2003 en Patrimonio de la Humanidad declarada por la UNESCO. Culpa de ello es su particular arquitectura donde el estilo colonial español se entremezcla con otros europeos y en especial de índole anglosajón en forma de arquitectura típicamente victoriana, claramente visible en edificios tanto civiles como religiosos. 
Pero para este servidor, si ya de por si es importante este aspecto arquitectónico, lo que llama más la atención, es su particular emplazamiento donde queda la ciudad como en dos planos: El puerto y la parte histórica colindante uniforme al mismo nivel por un lado, y por el otro, formada por la gran parte urbana donde se yergue de repente hacia escarpadas colinas formando un gran palco natural desde donde se obtienen la mejores vistas de la ciudad.
Una ciudad de esta peculiar característica necesita también de un particular medio de transporte: El funicular, o ascensores como les llaman a estos vehículos en Valparaíso para el desplazamiento de la parte baja a las altas de la ciudad.
Son un total de dieciséis funiculares en la actualidad, muchos de ellos convertidos en Monumento Histórico Nacional, pero llegaron a existir hasta treinta. Casi la mitad dejaron paso a los buses colectivos, que aun con más recorrido pueden también alcanzar hoy en día los cerros.
Muchos de estos funiculares aún mantienen el aspecto original y se conservan de la misma manera que cuando se construyeron. Pintorescos cajones de madera sobre raíles y tuneados de colores diversos que combinan a la perfección con las coloreadas fachadas de las casas que se avistan sobre la bahía y el puerto. Cuesta el billete 100 pesos (0.15€) y atravesando unos ornamentales torniquetes se accede al mismo. Si se mira el desgaste del suelo en la zona de paso, se podrá uno hacer una idea de la cantidad de gente que habrá pasado desde su construcción.
Para mi además de subirse a uno de estos ascensores, hay rincones que el viajero no debe perderse, uno de ellos el paseo Yugoslavo en Cerro Alegre que se puede llegar al mismo con el ascensor “El Peral”. También perderse por los recovecos y pintorescos rinconcitos y escaleras con los que se puede topar el viajero, con murales que servirá para deleitarse mientras se descansa de las escarpadas subidas y bajadas.
En “Valpo” que es como también se le conoce a Valparaíso entre los lugareños, puedo citar además otros lugares para visitar como el Mirador O’Higgins, el Palacio Baburizza, la Iglesia de la Matriz y el Edificio Mercurio. Tampoco es una ciudad que carezca de buenos museos, que aunque no los visité, dicen que son muy interesantes para el visitante sobre todo el Museo Naval. Pero siendo esta ciudad en sí un auténtico museo al aire libre, el viajero que permanezca poco tiempo, podrá dejar Valparaíso  satisfecho si se queda sin visitar alguno.
Un visita por el vistoso Mercado Cardonal y un buen paseo por el puerto y calles adyacentes nos completará ya una idea general de esta bella ciudad.
Desde aquí se puede acceder a través de un moderno tren interurbano a la vecina y no menos conocida Viña del Mar. Pero eso sí, sería imperdonable abandonar Valparaíso sin probar la chorrillana, el típico plato de la zona, no apto para los que estén a dieta y preparado con carne de cerdo, huevos y patatas fritas. En los puestos del mismo Mercado Cardonal o los varios restaurantes del puerto puede uno saciarse y recuperarse de las caminatas por esta bella ciudad chilena.
¡Que aproveche!…

4 Comments

  1. No sé por qué pero identifico 'Valpo' con la última foto. Los 'grafitis' forman parte del imaginario que yo tengo de esta ciudad. Si duda alguna también los funiculares y los cerros, como tan bien describes.
    No conozco Chile, con esto te digo bastante.
    Gracias, y un abrazo.

  2. Dentro de mi imaginario, identifico mucho a 'Valpo' con la última foto: los 'grafitis' me recuerdan esa ciudad y por supuesto, también, los funiculares y los cerros. Grandioso país este Chile.
    Y una cosa: No conozco Chile, con eso te digo bastante.
    [Más o menos ese era mi anterior comentario, que no ha aparecido].
    Un abrazo.

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