SOWETO. Símbolo del fin del Apartheid y lucha contra el racismo.

El suburbio de Sudáfrica que un día clamó con sangre el fin del Apartheid. Cuarenta años después Soweto continúa siendo un ejemplo de rebelión y exaltación de los valores de la igualdad y lucha contra el racismo…

Soweto. Sudáfrica. Febrero 1999 y Marzo 2009.

Recuerdo cuando era niño algún telediario de TVE, que de manera un tanto difusa, daban a conocer noticias de disturbios en Sudáfrica relacionados con el Apartheid. No salía mucha información de un país que cada vez se aislaba más del mundo con su política de supremacía blanca. Pocos valientes periodistas y fotógrafos podían dar a conocer lo que ocurría en esa parte austral del continente africano. Continente ya de por sí que apenas llamaba la atención para titulares de la prensa de entonces, y cuya escasa repercusión mediática tiene su continuación en nuestros días, aún con los medios de comunicación actuales.

Ya después, como admirador de cantautores como Tom Paxton y Peter Gabriel,  los cuales dedicaron algunas de sus canciones a Steven Biko, y la cantante y activista sudafricana Miriam Makeba, me abrieron más el interés por esta cuestión de lucha social que tuvo como máximo exponente la inmortal figura de Nelson Mandela el cual no necesita presentación en este post.

Por el año 1998, Iberia inauguraba su ruta Madrid-Johannesburgo con algunas ofertas irresistibles. Siendo en aquellos años un país apenas visitado, era un vivero de curiosidades para cualquier viajero y una puerta a un destino algo más inusual. Diez años más tarde regresé, pero ya muchas cosas habían cambiado.

Orlando Towers 1999

Una vez allí, Soweto era para mí una visita imprescindible en un momento que Mandela era el presidente de un país en transformación. Ahí había que estar para ver, sentir y ser testigo sobre el terreno de lo que había sucedido poco más de dos décadas cuando 566 estudiantes de entre más de 15.000 fueron ametrallados, masacrados, tras manifestarse por la imposición del idioma “blanco”: el afrikáans, una variante del holandés usado desde la llegada de los colonos holandeses, y que junto el inglés iba a copar todas las asignaturas de las escuelas despreciando plenamente sus idiomas nativos como el zulú o el xhosa entre otros.

Horas antes ya había pasado por Tembisa, otro  township, literalmente “barrio flotante”, de medio millón de almas situado entre Pretoria y  Johannesburgo. Cuando tomé el tren en Pretoria, yo era el único blanco, y recuerdo el interventor picando los billetes con una pistola colgada de su cinturón. El tren cruzaba ese enorme suburbio y por lo que veía por la ventanilla de madera tipo “guillotina” no era otra cosa que chabolas, caminos de tierra y extrema pobreza sin un mínimo de condiciones sanitarias para vivir dignamente. No era más que un aperitivo de lo que me iba a encontrar en Soweto. 

grafitti soweto

No fui solo. A través de una oficina local de turismo que me topé en el centro de Johanesburgo, me facilitaron un conductor que me llevó a Soweto, el cual me acercó a ver lo más representativo y me dio una vuelta por el suburbio. Me presentó a algunos activistas que ya pintaban canas, pero que vivieron de primera mano todas aquellas revueltas estudiantiles que cambio la historia del país. Lo que vi no fue más que una continuación de lo que había visto en Tembisa, pero mucho más grande y donde unas enormes y feas torres de una central térmica de carbón llamadas Orlando Towers de color cemento sobresalían sobre un enorme manto de casas de techos de hierro y paredes de planchas metálicas y de madera. Olores de aguas negras mezclados con el del humo de basura quemada de incineradores informales que te encontrabas en cualquier calle o camino de tierra.

Era domingo, y en especial las mujeres y niños se vestían de su mejor ropa para lucir sus trajes de vivos colores y pamelas e ir juntas a la iglesia. Era curioso como algunos niños se me acercaron y me tocaban la cara; me tiraban de los pelos del brazo y me examinaban con asombro. Niños de unos 5 años los cuales pienso que era el primer hombre blanco que habían visto. Su inocencia y candidez no les haría pensar más de que se trataba de una ser humano como ellos, pero de otro color de piel. No se les veía ojos de rencor ni de malicia, al contrario, mucha ternura y una sana curiosidad.

Otro lugar que había que visitar de Soweto era la iglesia católica Regina Mundi. Además de ser una de las más grandes de Sudáfrica, fue testigo directo de muchas concentraciones de grupos anti-apartheid. Pero ni siquiera se libró de algún balazo que daño alguna de sus imágenes sacras. No tiene para mí ningún valor arquitectónico que resalte sobremanera, pero sí tiene un valor muy emocional y sentimental. Como curiosidad que más puede llamar la atención, es que los cuadros de Vírgenes expuestas en su interior son de raza negra o morena. Si entra un mexicano en la Iglesia se sorprenderá de ver a la Virgen de Guadalupe, o la Virgen Morena. Virgen que no es nada fácil verla fuera de Latinoamérica y Filipinas. Y para los catalanes devotos de la Virgen de Monserrat también la tienen, pero dentro del despacho del párroco a un lado del altar.

Iglesia Regina Mundi

En 2009 regresé a Soweto. Diez años después de mi primer viaje, y encontré un lugar con más servicios para la población y ya se veían más turistas que visitaban el suburbio. Todavía se ven muchas casas construidas con retales metálicos, pero mas asfalto donde había antes caminos de fangosos.

Aquellas horribles torres de la central térmica de carbón se convirtieron en un lugar de ocio y entretenimiento. El horrible color de cemento se transformó en unas coloridas torres con anuncios comerciales, que hasta aficionados de puenting la usaban para sacar su adrenalina y lanzarse entre ellas. En el mismo lugar donde se produjo la masacre en 1976 se puso en funcionamiento un memorial-museo  Héctor Pieterson. Héctor fue muchacho que llevaba en brazos a otro estudiante muerto, que su hermana a su lado, huían corriendo. Desgraciadamente ambos acabaron también abatidos.

La fotografía ampliada al lado del memorial (ver portada del post) dio la vuelta al mundo y despertó muchas conciencias de lo que estaba pasando en Sudáfrica en aquellos días. Es sin duda un símbolo para la juventud de estos movimiento sociales.

En definitiva, si vais a alguna vez a Sudáfrica, posiblemente encontraréis un país más diferente. Un país para selectos safaris, buena naturaleza, y una riqueza cultural impresionante. Seguramente notaréis muchas desigualdades económicas entre blancos y negros e incluso discriminación hacia negros procedentes de países vecinos como Botsuana o Zimbabue por parte de sus semejantes de origen sudafricano. Lo de Soweto no es único; en otros lugares del Mundo: La Plaza de la Tres Culturas de Tlaltelolco en México DF o La Plaza de Tiananmen en Pekín también fueron lugares que vivieron masacres como éstas hacia estudiantes. Sirva como lección para la humanidad para episodios como estos no vuelvan  a suceder…

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Nota: La calidad de algunas fotos no es muy óptima debido a haber sido escaneadas de papel fotográfico.

By Carlos Martinez. Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente.

1 Comment

  1. Hola, Carlos. Sin duda, 10 años en la vida de África pueden ser años de cambios. Pero también, a peor, como a veces se ve en ciertos países. También pueden ser 10 años de estancamiento.
    En este caso tuyo, Sudáfrica, sin duda fue a mejor. Y en las fotos, te veo hecho un jovenzuelo.
    Mi paso por Johanesburg fue demasiado rápido. Siempre lo he dicho. Y me perdí ‘tu Soweto’.
    Un abrazo.

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