LIVINGSTON. La Guatemala garífuna

Muestra de su singularidad, es esta aislada  localidad del oriente de Guatemala en pleno fervor de su fiesta garífuna…

Guatemala, Livingston. Noviembre 2012

Aunque esta localidad se encuentre en territorio guatemalteco, sólo accesible por vía fluvial y marítima, notará el viajero una vez camine por algunas de sus empinadas calles, que se encuentra en un lugar muy propio. Ya hasta el nombre es un poco extraño, nada que ver con el famoso explorador británico que anduvo por el África austral, y muy alejada de la cultura maya y de las ciudades coloniales tan presentes en este bello país centroamericano.

A Livingston llegué tras una hora de agitada travesía con el mar un poco picado en un pequeña lancha desde Punta Gorda (Belice). Me gustó enormemente arribar al muelle, y no ver ni policías, ni puestos migratorios, ni aduaneros, ni «incordiadores» turísticos. El sueño de cualquier viajero cuando llega a un país, al menos para un servidor. Ya tranquilamente después de buscar acomodo o al día siguiente se puede acudir a una oficina de la calle principal y una funcionaria te estampa el sello de entrada con una atención exquisita.

Con lo que nos encontramos básicamente a primera vista: Una peculiar cancha de baloncesto, que hasta las canastas son de piedra, una monumento al cubano de raíces valencianas José Martí, un lavadero público a la antigua usanza como en muchos pueblos de España, y una empinada calle principal donde se encuentran la mayoría de los hoteles, cafés y tiendas.

Después de preguntar por algunos hoteles que poco me convencieron,  volví a la explanada del muelle y a la derecha pasando el lavadero, me topé con el hotel más barato que recuerdo de mis viajes. El hotel Caribe, (no confundir con el hotel Villa Caribe), 35 quetzales (3.3€), obviamente sin ningún lujo pero en habitación privada con los baños compartidos. La señora propietaria del hotel, sentada afuera en una silla, apenas se veía haciendo ganchillo con la tenue luz de la bombilla de la puerta. Con ganas de conversación, se me hizo muy simpática así como el chico de la recepción que muy atento colocaba en cada clavo numerado las llaves de los candados de las habitaciones.

A unos cincuenta metros, un restaurante local llamado Gaby’s, se convirtió por dos noches en mi lugar de recogimiento, para cenar barato y ponerme al día gracias a la señal gratuita wi-fi.

 «¿Y eso es todo lo que tiene de interesante Livingston?». Se preguntará cualquiera que lea este post. 

Bien, lo que hace interesante a esta pueblo es precisamente su singularidad cultural, su colorido y el ambiente que lo hace muy diferente al resto del país. Se trata de un municipio donde el grueso poblacional pertenece al grupo étnico garífuna

Una población descendiente de los esclavos africanos mezclados también con nativos indios caribes, y que se establecieron además de esta parte de Guatemala, en Belice, Honduras y Nicaragua. En muchos momentos uno quedará confundido si realmente está en Guatemala o en algún otro lugar del Caribe anglosajón, y más aun, si la visita le coincide con el día grande de los garífunas en Guatemala, el día 26 de Noviembre.

En ese día, la comunidad garífuna invade las calles fervientemente para defender su identidad, sus orígenes y sincretismo. Se reivindican como una sociedad a tener muy en cuenta hacia el resto de la guatemalteca. Un punto de encuentro para sacar a la luz todos sus valores forjados desde la llegada a estas tierras desde Haití, del fundador de Livingston Marco Sanchez Díaz. Su retrato se hace presente en muchos momentos del desfile. En pasacalles, no paran de sonar los tambores, y el colorido de llamativos atuendos, especialmente de las mujeres alimenta la animosidad del momento entre los bailes caribeños.
Frutas sobre las cabezas, el olor del incienso, ramas de árbol y los movimientos de las bandera tricolor amarilla, blanca y negra, junto con la guatemalteca se dejan notar durante los desfiles.

Uno o dos días como mucho, puede ser suficiente para visitar esta pequeña localidad, incluida alguna playa adyacente de poco interés.

Un recorrido completo por todo el pueblo no se lleva mas de una hora. El mercado al aire libre, ver preparar pescado en puestos callejeros junto el busto de José Martí o contemplar toda la actividad portuaria con la llegada de barcas con pescado y productos esenciales para el pueblo, puede ser lo mejor para ver.

El viajero no se puede ir de Livingston sin probar el tapado, típica comida garífuna consistente en un nutritivo caldo de marisco y leche de coco. 

Desde aquí, al no haber carretera, la única salida es fluvial, y Livingston es un inmejorable punto desde donde adentrarse al resto del país a través del río Dulce. Dos lanchas diarias, a las 9:30 y 14:30 te conectan a través de este río hasta la población de Río Dulce también llamada Fronteras

A medida que la lancha se adentraba por el angosto río Dulce y se iba alejando de Livingston, me despertó el recuerdo de otros lugares como Cahuita en Costa Rica o Tela en Honduras. Son simples percepciones sin sentido, o quizás meras percepciones evocadoras que nos ocurren al visitar lugares y nos conectan con otros.

Sea así o no, y sin ser un referente turístico para visitar, me llevé de Livingston un agraciado concepto que traslado a mis colegas viajeros para que lo pongan en su punto de mira viajero en su visita a este hermoso país de Centroamérica…

1 Comment

  1. Puesto queda en el 'punto de mira', Carlos. No sé cuando me pasaré por esas tierras, espero que cuando aparte un poco mi pasión por África, pero recordaré Livinsgton pues yo hace poco -bien poco- estuve en otro "Livinsgtone", éste de Zambia.
    Un abrazo.

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