LAS CATARATAS DE LA LOBÉ TAMBIÉN EXISTEN.

Las únicas que ven el mar…
 
 

Kribi. Camerún. Noviembre 2015

Hoy me referiré a unas cataratas poco conocidas. Las Cataratas de la Lobé, Chutes de la Lobé en francés.

Todo el mundo ha oído hablar de la famosa “trilogía” de cataratas del mundo: Las tres que cada quién en su orden impone cual es su favorita. En mi caso, las Cataratas Victoria de Zambia y Zimbabue, pero eso ya es a gustos.

Las que me menciono en el post de hoy son mucho más humildes y apenas conocidas. Se encuentran a unos siete kilómetros de la ciudad costera de Kribi en el sur de Camerún.

No tienen apenas altura, ni gran caudal, ni espectaculares saltos. Nunca estarían en ningún top entre el ranking de las mejores.

Pero algo de ellas sí que me impresionó: Su proximidad a su desembocadura, a unos cincuenta metros del Océano Atlántico. Este aspecto si es lo que las diferencia de cualquier otra.
Según he consultado, no parece haber en el mundo unas cataratas en ese punto donde el río pierde su nombre.
 

Como en todo Camerún, para moverse por distancia cortas, la moto se convierte en el mejor taxi. Sólo hay que parar a una, acordar precio y ¡marchando! A mitad del viaje recogió a una chica local que le salió gratis el viajecito. Los tres montados no parecía demasiado para la moto que en ocasiones cargan hasta con familias enteras.
Al llegar, no había más que un bar tipo chiringuito, un pequeño puesto de artesanía y solo un turista: ¡este viajero servidor!
Una pasarela de madera y detrás se avistaba el río y la pequeña bahía que daba con el océano. Ya se podía escuchar el sonido del agua de las cataratas.

En la guía de viajes Laertes sobre Camerún, había leído algo de ellas junto a otras llamadas Chutes d’Kom. Éstas algo más famosas porque se rodaron escenas de Tarzán. La versión más antigua, las de Johnny Weissmuller.

Sobre la orilla, unas tres piraguas que parecían esperándome.
En realidad no parecía haber mucha competencia entre ellas. Como si pertenecieran al mismo patrón. El precio me pareció bastante económico, y sin regateos me monté en una que me acercó hasta los saltos. La situación ideal, tener enfrente esta maravilla natural ante ti, el muchacho de la piragua, un par de pescadores de camarones que merodeaban por unas piedras y alguna ave zancuda.

 

Con quince minutos fue más que suficiente para disfrutar del agua cayendo con ganas, alguna foto, algo de conversación con los pescadores y vuelta a la orilla.
Me decían que muy cerca de allí, aguas arriba, viven comunidades de pigmeos y que sería interesante una visita. Llevo tiempo que me ha disminuido el interés por la visita a tribus. Pienso que se han de bajar mucho las expectativas para no llevarse decepciones, si lo que se espera es ver grupos étnicos en su hábitat natural y costumbres intactas. Pero de tribus ya hablaré otro día en profundidad.

Así terminó mi visita a estas cataratas. Una cerveza en el chiringuito con conversación futbolera incluida. Momento para regresar a la carretera, parar a una moto-taxi y regreso a Kribi.

Os dejo un breve video de ellas de mi canal Youtube.

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