ISLA ESPÍRITU SANTO. Belleza y cooperativismo salvadoreño.

Una recóndita isla en un paraíso natural de El Salvador y un ejemplo de desarrollo social y sostenibilidad.

  EL SALVADOR. Bahía de Jiquilisco.

Si El Salvador es en sí un secreto bien guardado de Centroamérica, esta recóndita isla de la Bahía de Jiquilisco, fue para mí un agradable descubrimiento que les deseo compartir.
En mi estancia en Usulután, y tras desayunar un rico desayuno de café con leche y quesadilla¹, me dirigí a dónde van a parar y salir la mayoría de los autobuses. Justo en la entrada de la ciudad a un lado de la avenida principal conocida como Carretera del Litoral. Más que un terminal de autobuses, era un descampado, sin taquillas, ni nadie que informe de nada. Sin saber a donde ir para pasar el día, y tras una conversación espontánea con un señor, me aconsejó que estaría bien que conociera la Bahía de Jiquilisco. Señalándome un bus me dijo: «toma ese, ese que entra». El cobrador medio colgado de la puerta delantera del bus y pegando palmadas a la plancha del mismo, anunciaba a viva voz: «Puerto, Puerto, Jiquilisco, Puertooo, ¡visa visa visaaa!». No es que fuera anunciando el nombre de la famosa tarjeta de crédito. «Visa» es una palabra que el viajero tendrá que acostumbrarse a escuchar en su recorrido por El Salvador. De lo que entendí debiera ser algo así como: «vamos que nos vamos» o «súbanse ya», o un «venga, venga que ya sale». El caso es que me subí para irme a Puerto Triunfo que está a unos 15 kilómetros.
Montaje sobre foto aérea del fotógrafo salvadoreño Raúl Arce.

Tras apearme y sin saber muy bien donde estaba, pregunté a unos bici-taxistas, y uno de ellos me dijo: «suba que le llevo al muelle». Era un triciclo con una caja delante. Los que hayan viajado por Indonesia sabrán a las que me refiero.
Era un animoso puerto con un vistoso paseo de esculturas marinas y un malecón donde amarraban los barcos y pequeñas lanchas. Una bondadosa señora que vendía elotes², me comentó un poco qué posibilidades había para visitar y conocer las islas de la Bahía de Jiquilisco. Me habló largo y tendido de una en particular, la Isla Espíritu Santo y me entusiasmé con ir a visitarla.
Se puede llegar de dos maneras: Llegando a un acuerdo con cualquier lanchero que te lleve ex profeso y el consiguiente elevado precio a pagar, o la mejor opción, pagar tres dólares aprovechando algún viaje logístico que tenga que hacer algún lanchero para el rutinario traslado de bienes y comestibles. La media hora que tuve que esperar con la segunda opción no se me hizo larga mientras me comía el elote que le compré a la señora y el entretenimiento de cómo iban cargando y colocando los enseres en la pequeña lancha.

Después de media hora surcando la bahía y una hermosa vista que iba dejando atrás el majestuoso Volcán Chaparratisque en el horizonte, se adentraba en una entramada y sinuosa zona de manglares no menos hermosa, hábitat de muchas especies de aves y tortugas.


Y finalmente llegamos el lanchero y yo a esta isla de las bondades que me contaba la señora de los elotes. La Isla Espíritu Santo o Isla del Jobal asimismo conocida.
Subiendo la rampa del embarcadero, un señor armado sentado en la silla y resguardado en un cobertizo, me hizo mostrar mi identificación, anotando mis datos del pasaporte en un libro.
Parecía con ese formalismo, como si hubiera entrado en otro país.

Evidentemente que no, pero si había llegado a un lugar muy particular donde sus 300 familias usan el cooperativismo como modelo independiente y económico de subsistencia.

La ayuda mutua entre las personas que hacen su trabajo, el sentido de la responsabilidad y sobre todo la solidaridad se refleja como el gran secreto para ellos.

El calor era húmedo y pegajoso. Recorrer sus calles, o mejor dicho los caminos de tierra y no ver vehículos motorizados, me daba una idea de la “ruralidad” del lugar. Triciclos y caballos era el medio más recurrido para moverse. No se necesita mucho más en esta especie de “Macondo” salvadoreño donde perros y gallinas se convierten en unos ciudadanos más. Éstas últimas alimentándose a sus anchas de los granos que encontraban por las calles.

Mujeres, ancianos y niños paraban su actividad repentinamente a mi paso como intruso en casa ajena. Miradas fijas, pero nunca acusadoras y que tras mi saludo se traducían en gestos de cortesía. Tranquilidad, mucha calma que se interrumpió en alguna ocasión al aproximarse un tractor arrastrando varias carretas cargadas de la fruta tropical bandera de estas latitudes, pero en especial de esta isla.
Me estoy refiriendo al coco. En la isla, las plantaciones de cocoteros toman todo el protagonismo. Los cocoteros están cultivados de manera ordenada y sostenible, sin afectar la biodiversidad de la isla y cuyo aceite es el producto donde se basa su economía.

La Isla Santo Espíritu también está incluido en varios programas de UNICEF y según un gran cartel que se ve nada más llegar al embarcadero, recibe ayudas de Luxemburgo para la construcción de viviendas
Después de dos horas de esta fructífera visita a la isla, era ya momento de regresar a Puerto Triunfo.
De nuevo tuve que esperar a que alguna otra lancha se dirigiera hacia allí en su traslado a El Salvador continental.
Aún me quedaba tiempo de poder visitar en ese día alguna otra de las 27 islas que comprende la Bahía de Jiquilisco. 
La isla Corral de Mulas me estaba esperando y cuyo relato dejaré para otra ocasión…
1-Aquí quesadilla no se refiere al mismo concepto que en México. Es como un bizcocho cuyo ingrediente principal es el queso fresco.
2-Mazorca de maíz como en el resto de Centroamérica y México.

3 Comments

  1. En las Islas de San Blas, en Panamá, patrimonio (cuasi-país) de los 'kunas', también es obligatorio el pasaporte para entrar. Una manera de controlar, lo que a sus jefes les da un plus de poder. Muy buenas fotografías, Carlos, y un abrazo.

  2. Me gusta mucho este blog porque me lleva a destinis totalmente desconocidos para mí, éste es uno de ellos. Me alegra que haya sitios así, dan ganas de abandonarlo todo e irte a formar parte de una comunidad de esas caratcterísticas. Un saludito viajero.

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