COLONIA.Una ciudad acuñada en su historia.

URUGUAY, Marzo 2010

«Colonia, ciudad de empedradas calles
forjadas de viejas batallas olvidadas
me evocas silencios y aroma de mates.
Con tu historia labrada a fuego luso
y rematada en el sobrio yunque español
tus iglesias engalanadas y señoriales casas,
prenden en este lunático y viajero  iluso,
que confiera su recuerdo con gran clamor…»

Con mi poema dedicado a Colonia deseo expresar en pocas palabras la esencia de esta ciudad de Uruguay para todo aquel que le guste los lugares donde se respire historia en sus calles. Su merecido nombre, reduce en su significado, el carácter de esta bonita ciudad colonial en esta zona de Sudamérica.
Colonia del Sacramento como es su nombre completo, es una localidad muy accesible por mar desde Buenos Aires y por autobús desde la capital Montevideo. De hecho, para aquellos viajeros que se encuentren disfrutando de la capital uruguaya y tengan como destino final Buenos Aires, es un lugar ideal para pasar uno o dos días.
En  mi caso, lo hice en un cómodo viaje en autobús de la compañía COT, que saliendo de la Terminal de Montevideo “Tres Cruces”, en poco más de dos horas y media, me dejó en la terminal Omnibus de Colonia. Esta compañía de autobuses incluso disponía de wi-fi abordo. Ahora ya va siendo más habitual, pero entonces era la primera vez que lo disfrutaba  en una ruta de autobús.
Al llegar había que buscar alojamiento, y después de dar varias vueltas por las calles empinadas de la ciudad preguntando precios, en seguida me di cuenta que no era un lugar barato. Los precios subían de los 50€ al cambio por hospedajes sin demasiados lujos, hasta que di con una hostal de mochileros para compartir habitación. Se trataba del Hostal El Viajero, en la calle Washington Barbot.
Es sin duda el mejor lugar para mochileros cuya tarifa varía dependiendo de la temporada. pero por unos 15€ duermes en una habitación compartida mixta y con un buen ambiente mochilero.
Esta ciudad colonial está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Caminar por sus calles empedradas es un verdadero placer para los sentidos, donde se respira mucha tranquilidad en su centro histórico. Apenas sus calles se resienten del tráfico, y lo que debe hacer el viajero es dejarse llevar y perderse por las angostas calles que van a dar a la Plaza Mayor.
Orientarse no es nada difícil. El Río de la Plata, en el Oeste del Barrio Histórico, se puede contemplar a lo largo del Paseo de San Gabriel, y nos recordará más a un mar que a un río por su enorme magnitud.
Colonia debe su carácter histórico por la constante disputa entre Portugal y España por hacerse cargo de este estratégico enclave que nunca quedó muy definido en el Tratado de Tordesillas que delimitara y repartiera estas tierras americanas entre ambos países.
Este relevo colonial se hace muy patente en los estilos arquitectónicos presentes en la ciudad a través de las casas coloniales, museos, basílicas y la propia estructura de las calles.
Pocos lugares en el mundo se puede disfrutar de esta combinación hispana-lusa como aquí.  La calle de los Suspiros, las ruinas del Convento de San Francisco con el faro, la Basílica del Santísimo Sacramento, el Portón de Campo y la Casa del Virrey  son claros ejemplos.

Además de ello, me encantaron los coches de época que se pueden ver permanentemente en esas calles. Le da un toque único y singular que también te lleva a la época de los 50s.

Muchas de la casas presentan al viajero numerosas buganvilias de diferentes colores y demás plantas trepadoras que abarcan sus fachadas y se enredan en los faroles de forja.
 También dispone de muchos restaurantes para los amantes de la buena mesa para degustar comidas locales y de cocina italiana muy bien presentadas.
Y en un lugar tan idílico como lo estoy presentando cualquiera dirá: “¿ algo ha de tener feo?“. Pues como en cualquier lugar imagino, pero lo cierto es que al menos en su centro histórico lo tienen muy cuidado.
Quizás mi queja, por cierto muy habitual en Latinoamérica, responde al abandono de las instalaciones ferroviarias que observa cualquier viandante que camine hacia la terminal portuaria en la Avenida Florida. Su vieja estación reconvertida en un instituto de gastronomía, dejó en 1985 de prestar servicio de viajeros y poco después de carga.
Y como toda ciudad turística tiendas de souvenirs no faltan, en particular todo lo relacionado con artículos del mate, la infusión nacional de los uruguayos.
De aquí, tras pasar una noche tomé un barco de la compañía Buquebus que salió a las 5:30 de la mañana y que a las tres horas me dejó en Puerto Madero de Buenos Aires.
En resumen, para cualquier viajero que quiera combinar Buenos Aires y Montevideo, éste es un encantador rincón colonial que merece mucho la pena recorrer. Un auténtico capricho para el sosiego y la tranquilidad, en una localidad donde la historia se saborea en cada rincón de sus calles…

5 Comments

  1. Como bien has comentado, una ciudad preciosa para pasar uno o dos días. Yo no me quedé a dormir, fui un día desde Buenos Aires pero de noche tiene que ser también espectacular, sobre todo, contemplar la puesta de sol desde los bancos que hay justo enfrente del río. Un saludito. 😉

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