APAM. Un pintoresco pueblo pesquero de Ghana con esencia colonial.

Cada pueblo de la costa de Ghana es una caja de sorpresas que todo viajero sabrá descubrir, siempre que se deje llevar por el corazón de sus gentes…

Apam, Ghana. Octubre 2016.

Un recorrido a lo largo de la costa de Ghana entre las fronteras de Togo y Costa de Marfil, es una experiencia muy gratificante para cualquier viajero que ponga el punto de mira en este país de Oeste Africano. Sin olvidarnos de las tierras de su interior, en todo su litoral podremos ver en cada poblado, una modo de vida similar basada en la actividad pesquera, una economía agrícola orientada al cultivo del cacao, mandioca, piña y maiz. Un crisol de religiones de variedad cristiana muy patentes por su ferviente devoción que se manifiestan en sus ceremonias religiosas.  El estigma del azote colonial por parte de países como Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda, incluso algún escandinavo que puso su “pica” para dominar y someter estas tierras, también se deja ver su huella en la población.
Apam, no es una excepción y una visita a este pequeño pueblo, resume en gran medida el resto, mucho más poblados demográficamente pero que guarda la misma esencia.


Durante mi recorrido desde Winneba a Salt Pond en un abarrotado “tro-tro“, que es como llaman en Ghana a los típicos microbuses africanos, 
miré el mapa y me pregunté: “¿Que habrá en Apam?”. Mi guía Bradt apenas le dedicaba media página, pero me pudo la curiosidad. En la intersección de la carretera le señalé al chofer que deseaba apearme. Seguidamente tomé un taxi compartido que tras unos diez kms. me dejó junto a la iglesia.
Una iglesia metodista como tantas de este tipo que hay en Ghana. Sencilla y acorde a la categoría de la población.
James, así se dijo llamar el señor que estaba dormido en el suelo junto a la puerta de la iglesia y que parecía el encargado de la misma, se despertó de su matutina siesta al ver a este mochilero servidor y se prestó en seguida a contarme cosas del pueblo y de la iglesia. Muy amable el hombre, pero lo mejor fue poder dejar la mochila en el interior de la iglesia junto a un banco. Cerró la iglesia de nuevo y cuando regresé al cabo de tres horas por ella, se llevó su merecida propina al devolverme intacta mi mochila.


Era ya momento de darse una vuelta por Apam y lo primero que se ve al alzar la vista es el Fuerte de La Paciencia en lo alto de la colina. No se veía un camino nítido. Quizás borrado por los barrizales de la lluvia recién caída. Pero tenía claro que había que ir subir serpenteando la loma o como fuera.
Una vez arriba, como en el caso de la iglesia, otro señor encargado del mismo y sorprendido de mi presencia también, me mostró amablemente el pequeño castillo o fuerte.

Colage de varias tomas del Fuerte de La Paciencia.

Me contó que fueron los holandeses quienes lo construyeron a finales del siglo XVIII para dominar el comercio de la zona, y excepto tres años en poder británico, volvió a manos holandesas. Este fuerte es de los más pequeños de la costa ghanesa. Está construido en sólida roca, de dos pisos y flanqueados por dos bastiones. Un patio interior y unas pocas celdas para prisioneros que hoy en día se han reconvertido en habitaciones para hospedarse.
Pasar la noche allí debe ser una pesadilla para cualquiera con sus negras paredes, la humedad, las destartaladas camas y sus agujereadas sábanas. Dejo aparte los graznidos de los cuervos, y la compañía de cucarachas y chinches. Pero por el equivalente a dos euros no podemos pedir mucho ¿no? Y dormir en un castillo no se hace todos los días. Además del hospedaje que es muy escaso en Apam.

 

Desde arriba del fuerte, hay una vista espectacular desde donde se puede planear qué más se puede ver del poblado. Dejé el castillo con otra propina por la amabilidad al señor encargado, y baje por otro lado para llegar hasta la plaza central. Una vez allí creí ver la estatua de un torero en el centro con una bandera blanca. Obviamente no podía ser. El parecido del capote con el de la red que llevaba sobre el hombro daba esa curiosa sensación. En realidad es una estatua de que representa a los pescadores y que ensalza la labor de ellos por el progreso de la nación ghanesa.

Tras cruzar el mercado y ver ya la playa en plena actividad justo cuando los barcos terminaban de llegar a la orilla es lo que más compensó mi visita a Apam. Puede uno apoyarse sobre una barca y dejar pasar las horas viendo todo lo que se mueve. Pocas cosas pueden ser más entretenidas. Entre las banderas ondeando de muchos países e incluso de clubs conocidos de fútbol, la algarabía de los pescadores, los vendedores y la escena de niños con emoción correteando entre la redes.
Desde luego que bañarse en esta playa aun cuando termine la actividad pesquera no es la mejor idea. Encontrará el viajero muchas otras a lo largo de su recorrido para hacerlo, a pesar de que la limpieza y la bravura de sus aguas no son su mejor valor.

Pareja junto a la playa de pescadores

En definitiva, Apam comprime en esencia las características de muchos otros pueblos y ciudades  costeras de Ghana como Cape Coast, Takoradi, Elmina o Winneba por su castillo colonial, playa pesquera, mercado e iglesia metódica. Pero con la familiaridad que ofrece  una población mucho más pequeña y el acercamiento de su gente hacia el visitante. Una estancia de tres horas es más que suficiente, y animo desde este post a visitar este tipo de lugares que aunque no merezcan la atención de las guías de viajes que todos tenemos en mente, también tienen su corazoncito y que apoyo desde este humilde rincón viajero…


By Carlos Martinez. Prohibida la copia total o parcial de textos y/o fotografías sin consentimiento del autor, en cuyo caso vendrá citada la fuente

 

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